Alquimia para el liderazgo: Como lograr una transformación personal

Introducción a la alquimia.

La primera vez que escuche este término fue en décimo grado de bachillerato cuando estaba recibiendo preparación de un curso pre-universitario.  El profesor nos explicaba que la alquimia fue la precursora de la química y se ocupaba de la transformación de metales en oro a través de de diversos métodos ideados por brillantes sabios.

Al día de hoy conmovido por dicho aprendizaje he decidido preparar una breve historia basada en el folklore de mi región para describir como estos métodos pueden ser aplicados al liderazgo.

¡Léelo hasta el final y encontraras unos útiles consejos que te ayudaran a entender mejor esta grandiosa práctica!

Alquimia para el liderazgo.

Había una vez un hacendado y banquero dueño de diferentes comercios e industrias por todo su pueblo. Era un gran empresario admirado por todos los habitantes del lugar. Poseía fértiles hectáreas de cultivos en varias fincas aledañas, fábricas textiles, madereras y algodoneras; varios vehículos de carga, cuadrillas enteras de obreros a su disposición y más de la mitad de las casas del pueblo eran de su propiedad. La gente del lugar lo llamaba Don Prospero.
 
 
A pesar de su opulencia y prestante posición Don Prospero era un hombre humilde, amable con sus subalternos, un gran líder que servía a la comunidad. En cierta ocasión, llegó el momento de pagar a los empleados y acreedores. Sin embargo, aquellos días no habían sido los mejores para Don Prospero.

 

La producción agrícola estaba estancada a causa del cambio climático, los comercios e industrias se paralizaron por un derrumbe en la carretera principal y para completar los habitantes del pueblo estaban furiosos ante la escasez de dinero y alimentos. Así que organizaron varias revueltas para linchar a Don Prospero atribuyendo a su gestión el reciente caos.

Con el fin de apartarse de la multitud unos días, Don Prospero decidió subir a una montaña cercana. Desde allí divisaba con tristeza su pueblo hundido en la desesperación. Su mirada se estremeció, de repente sintió una mano en su hombro y una voz que le decía:

  • ¡Animo hermano, tu gente se recuperará!

Don Prospero volteó y vio un viejo de unos 80 años con una gran barba gris y un mechón pintado de rojo en su cabello lacio. El viejo extiende su mano, le brinda un té y lo invita a charlar sentados en unas rocas al lado del rio. Una vez allí, abre la conversación diciendo:

  • Conozco tus problemas hermano mío, llevo más de 30 años viviendo en esta montaña y a diario observo las pesadumbres y éxitos del pueblo en que vives. He visto tu trayectoria, andanzas y también tus más recientes calamidades.

Comprendo que estas afligido a causa de la crisis en tu pueblo, durante muchos años les has servido y ahora sientes que te han dado la espalda ¿No es así?

Don Prospero quedo anonadado, pero arrastrado por la confianza en la expresión apacible del viejo, se deja llevar diciendo:

  • ¿Qué puedo hacer para remediar la situación?

El viejo responde serenamente:

  • Lo que necesitas es un poco de ALQUIMIA.
  • Don Prospero responde confundido: ¿Al que cosa?

Al instante el viejo sonríe y empieza a relatarle antiguas historias de como chamanes y místicos solían transformar los metales en oro haciendo uso de su conocimiento y habilidades ancestrales.

  • Le dijo entonces a Don Prospero: Tú también tienes estas herramientas a tu disposición, he visto tus negocios y escuchado de tu fama como líder de la comunidad. ¡Solo tienes que ponerlas a trabajar y tus problemas desaparecerán!

Al igual que la lluvia que cae y se transforma en agua de manantial para este rio, el sol que nos alumbra convirtiendo su luz en energía para nuestro cuerpo. Todo lo que necesitas hacer es transformarte y tu pueblo se transformara. Usa la alquimia, es el secreto para el ejercicio satisfactorio de tu liderazgo.

Aún más confundido que cuando subió Don Prospero desciende de la montaña meditando en las palabras del viejo ermitaño. Antes del último descenso camino a su pueblo, Don Prospero se detiene una vez más, observa el caos allí reinante mientras repite las palabras del viejo ermitaño en su mente.

Avanza entonces impasible hacia la plaza central del pueblo, una vez allí sube al púlpito y relata su aventura a los habitantes. Miradas incrédulas se dejan ver entre los asistentes, unos se van, otros sin indiferentes y unos pocos se quedan. Don Prospero toma una pala y se dirige hacia la carretera central para empezar a quitar la tierra del camino.

Sorprendidos los pueblerinos se miran entre sí, toman sus palas y carretillas procediendo solícitamente a colaborar con la causa hasta que finalmente toda la tierra y escombros son removidos de la carretera. Posteriormente Don Prospero toma los residuos de la cosecha, los procesa en sus máquinas moledoras, preparando compostaje y alimento para animales de granja.

Salen uno, dos, diez, cien bultos de concentrado. Admirados por el espíritu de Don Prospero los lugareños empiezan a cargar los bultos en los camiones del hacendado. De allí son transportados a las granjas cercanas y vendidos a un excelente precio. Los clientes le entregan a Don Prospero el dinero contante y sonante.

Finalmente, este es llevado por la multitud en brazos hacia el centro del pueblo, donde nuevamente se apresta a pronunciar un discurso.

  • Muchas gracias a todos, no hubiese conseguido esta espléndida hazaña de no ser por el consejo de un querido amigo quien me enseño el secreto de la alquimia para el liderazgo. Acto seguido don Prospero explico el significado de dicho termino:

Alquimia para el liderazgo significa transformación, renovación, restructuración. La capacidad que tiene el líder para resolver los problemas a partir de su inspiración, visión y compromiso de sus seguidores.

Al igual que yo lo hice, cada uno de ustedes posee unas destrezas únicas con las cuales pueden transformarse a sí mismos. Todas las herramientas están dadas lo único que debemos hacer es utilizarlas.

La ovación no se hace esperar, la gente comienza a retozar por las calles mientras Don Prospero sonríe de orgullo en el púlpito viendo la obra que había resultado de su alquimia transformadora.

Cito a continuación las recomendaciones del discurso final de don Prospero quien me pidió encarecidamente que las compartiese con todos aquellos que buscan su realización como líderes, la inspiración y persiguen la reinvención de sí mismos.

 

cambio alquimia

Conclusiones: 3 ingredientes para aplicar la alquimia en el liderazgo.

Forjar.

La mejor manera de ilustrar este escenario es imaginando el taller de un herrero quien toma su cincel y martillo para forjar los metales recién derretidos de su horno de fundición; de esta manera los moldea para crear diferentes tipos de herramientas: llaves, martillos, espadas, entre otras.

Al igual que el herrero los lideres también tenemos a nuestra disposición una caja de herramientas (talentos, pasiones, destrezas, habilidades, valores) las cuales podemos forjar y ejercitar a voluntad y que nos ayudaran a orientar nuestra vida en la dirección deseada.

El primer paso es entonces usar esas herramientas para forjar nuestra visión de vida, definir nuestros objetivos personales, a quien queremos ayudar y como lo vamos a hacer. Recuerda como Don Prospero había forjado a partir de sus habilidades como negociador y empresario una sólida fortuna y lo más importante: El respeto de su comunidad.

Transformar.

Uno de los aspectos cruciales después de alistar nuestro arsenal de herramientas es definir el horizonte e impacto que va a generar la visión forjada anteriormente. En otras palabras, involucra cuestiones como:

¿Para qué queremos estas herramientas? ¿Qué deseamos crear con ellas’ ¿A quién vamos a ayudar? ¿Cuántas vidas vamos a transformar?

Uno de los superpoderes de la alquimia del liderazgo radica en este paso porque aquí es donde ponemos a disposición de nuestros semejantes todo el poder de nuestras herramientas. En la etapa de transformación también es preciso aprender el uso correcto de nuestras herramientas y poner a funcionar toda nuestra creatividad e ingenio para la solución de eventuales problemas.

Recuerda como Don Prospero aprovecho prodigiosamente este recurso en el cuento anterior.  

Inspirar a través del ejemplo.

Una de las herramientas más valiosas del arsenal de los lideres para el proceso de alquimia, es la inspiración que mueve a la acción. Cuando nuestra visión adquiere tal poder y se posiciona en nuestras mentes como una verdad somos capaces de movilizar las energías colectivas de nuestro equipo hacia un propósito concreto.

Don Prospero tenía claro que su visión era ser el comerciante más rico y altruista de su región.  Así que no vacilo en tomar la pala y quitar la tierra de la carretera. Acto seguido las personas del pueblo lo secundaron pues era tal la confianza y empatía que les movía hacia el que no dudaron un segundo en colaborarle.

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Hoy quiero regalarte estos utiles consejos e invitarte a que los practiques.

Recuerda la moraleja de Don Prospero

¡Y comienza a transformar tu vida con la alquimia del liderazgo!

Hasta pronto

Omar

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